Taxi Gourmet - Layne Mosler
Locro y Libertad en La Tranquerita
-Odio a los taxistas,- dijo Ricardo, pasándose las manos por el cabello largo y canoso. –Son arrogantes. Son tramposos y mentirosos.
-¿Hace cuanto que manejás un taxi?- le pregunté.
-Un año.
-¿Y antes?
- Antes vendía lencería. Pero cuando dejé eso atrás, sabía que no iba a poder quedarme sentado en una oficina todo el día. Me metés en uno de esos edificios- señaló un edificio alto sobre Avenida Rivadavia – y me muero a los diez minutos.
Ricardo no era el primer taxista que me decía esto. Como tantos otros compañeros taxistas, había empezado a manejar para liberarse; liberarse de los horarios fijos, del jefe siempre presente, de la rutina predecible.
-Nunca lo había pensado así antes, – me dijo mi amiga novelista cuando nos bajamos del taxi, – pero a su manera, los taxistas son los nuevos gauchos. Sus taxis son sus caballos, sus pasajeros, el ganado. Y eligieron su profesión porque quieren ser, por sobre todas las cosas, libres.
La libertad, parecía, sería el tema central de esta excursión, lo cual era muy apropiado teniendo en cuenta que era 25 de Mayo, el aniversario de la Revolución de Mayo de 1810.
Aunque Argentina no se declararía independiente de España hasta el 9 de Julio de 1816, la gente aun conmemora la Revolución de Mayo con orgullo y fanfarria, ya que se la considera el primer paso hacia la liberación del dominio europeo.
Durante esta semana que precede al feriado, los vendedores callejeros ofrecen banderas, prendedores y escarapelas en celeste y blanco – y los restaurantes empiezan a vender locro, un guiso bien calórico hecho con maíz molido, vegetales y vísceras o despojos de carne vacuna o de cerdo. El locro es el plato con el que se celebra el 25 de Mayo – el Día de la Patria.
Ansiosos de ser parte de la fiesta patriótica, le pedimos a Ricardo que nos llevara a un lugar donde pudiéramos comer un buen locro. Echó las manos en alto, desesperanzado.
-¿Por qué me preguntan a mí? – se lamentó – ¡yo no tengo idea!
Tras insistir un rato, pudimos convencerlo de lo contrario. Rápidamente tomamos la Avenida Rivadavia en dirección a Flores, rumbo a la parrilla dominguera favorita de Ricardo. Mientras nos acercábamos a destino, nos preguntó que hacíamos en Buenos Aires.
Somos escritores, le dijimos. La ciudad es nuestra musa.
-¿Escriben sobre Argentina? ¿Quieren escribir sobre Argentina? Mirá, si le decís a la gente la verdad sobre este lugar, ¿quién te va a creer?
-Exactamente,- respondió mi amiga novelista –la ficción es casi innecesaria acá.
Ricardo se resignó otra vez, tomó la Avenida Gaona y se detuvo justo frente a un restaurante en una esquina ensombrecido por un toldo oscuro.
Nos despedimos con un “¡Feliz Día de la Patria!” al abandonar el taxi. Ricardo se rió y se marchó antes de poder ser testigo de nuestra felicidad ante el restaurante que había elegido para nosotras.

La Tranquerita no solo derrochaba encanto barrial – en honor al 25 de Mayo, también servían locro.
Tomamos una mesa en la vereda al resguardo de un toldo plástico. Del otro lado, un grupo de diez hombres disfrutaba de sus cazuelas de locro bien caliente. En su mesa abundaban las botellas de vino tinto a medio tomar. El partido entre Lanús y Rosario Central en televisión no podía competir con sus vozarrones.
En la mesa frente a la nuestra, un padre y su hijo de 7 años comían morcilla y asado.
En la mesa de atrás, dos chicos del barrio se reían con las mozas y pedían choripanes. Para cuando llegó nuestro locro ya habían terminado su comida y acababan de marcharse.
El silencio reinó en nuestra mesa mientras saboreábamos nuestro guiso patriótico. Cerdo delicioso, maíz abundante, pimentón y ají morrón convivían en una armonía tan perfecta que ni los pelos de la pata de cerdo que terminó en mi plato pudieron empañar mi dicha.
Nos devoramos hasta el último bocado de la delicia patria de Argentina – en nombre de todos los taxistas que aman la libertad, sin importar donde se encuentren.
La Tranquerita
Boyacá 996 – Flores
Tel: 4584-1441