Taxi Gourmet - Layne Mosler

Cerdo y política en Don Justo

30/03/2008

Buenos Aires – y Argentina en general – estaba por entonces envuelta en el conflicto que se había desencadenado unas dos semanas atrás cuando el campo dio comienzo al paro en repudio al Gobierno y la suba de impuestos a las exportaciones.

En el interior del país, los bloqueos en las rutas habían impedido que la comida llegara a la ciudad, y las estanterías de los supermercados, habitualmente repletas de carne y lácteos, llevaban días vacías. Los precios de los productos aun en stock se habían ido, como dicen los locales, por las nubes.

Aquellos a favor del campo (y furiosos por el desabastecimiento) organizaron una serie de cacerolazos, haciendo sonar cacerolas y sartenes en marchas a la Plaza de Mayo. La violencia explotó cuando los manifestantes se enfrentaron a los sindicatos aliados al gobierno. Al día siguiente, las imágenes sangrientas adornaron las primeras páginas de los diarios de la ciudad.

El viernes, los partidarios del campo levantaron temporalmente los bloqueos, y el gobierno accedió a comenzar las negociaciones. No se llegó a ninguna resolución.  El país permanecía dividido en el contexto de un conflicto que no admitía más que dos posturas, y donde alcanzar un punto medio parecía una imposibilidad.

Al bautizar la crisis “Campo vs. Gobierno,” los medios habrían exacerbado esta división; algunos comentaristas llegaron a sugerir que la Argentina podría estar hundiéndose en un caos similar al que se desató con la crisis económica de fines del 2001.

¿Cómo encaja una aventura en taxi en este contexto tan difícil? Más que nunca, esperaba que el conductor me llevara a una parrilla de barrio para poder ver como el desabastecimiento afectaba a los restaurantes de la ciudad.

En cambio, terminé aprendiendo sobre los problemas de salud de los taxistas y comiendo en Don Justo, un bistró en Palermo frecuentado por señoras elegantes donde el desabastecimiento evidentemente no era un problema.

Desde el momento en que nos subimos al taxi de José Luis en la esquina de Córdoba y Callao, tuvimos más dificultades que de costumbre para que nuestro conductor accediera a llevarnos a un restaurante de barrio, o sea, un lugar sencillo que él conociera.

A diferencia de muchos taxistas, a José Luis no le satisfacía “un pancho a las corridas”.

-A mí me gusta comer bien. Este es un trabajo estresante mentalmente, por más que sea muy sedentario físicamente. Por eso la mayoría de los taxistas sufren del corazón o tienen la presión alta. Comen mal.

-En promedio trabajo unas trece horas, así que trato de cuidarme en las comidas,-nos explicó el conductor, que abandonó la carpintería dos años atras para empezar con el taxi, -nada de choripán, nada de gaseosas.

Luego empezó a enumerar una serie de restaurantes que mi amigo chef de San Francisco y yo teníamos que visitar: La Escondida (una parrilla en Nuñez donde el lechón al asado es increíble), Munich (un restaurante alemán en Avenida San Martin en Villa Devoto) y La Grilla (un restaurante argentino  típico también en Villa Devoto).

Insistió que Don Justo era la mejor opción para almorzar. En su opinión, todo en el restaurant era bueno, y además no tendríamos problema para pedir carne, que obviamente no abundaba en el resto de la ciudad. Fue inútil tratar de forzar nuestra búsqueda de algo sencillo. José Luis no quería saber nada.

No nos sorprendió encontrarnos con un comedor elegante y vacio cuando llegamos a Don Justo. Sobre los individuales de cuero descansaban vasos de vino y servilletas blancas sin tocar.

Cuando abrimos el menú, el manager apagó a Rod Stewart y subió el volumen de las noticias, donde repetían un discurso de la Presidenta Cristina Kirchner: – … ¡no habrá diálogo hasta que se levanten los bloqueos en las rutas!

Mientras nos servía cerveza Quilmes Imperial y agua con gas, le pregunté a la chica que nos atendía que opinaba de las palabras de Cristina.

-Mire. No sé cuanto sabe de lo que esta pasando acá, pero cuando Alfonsín era presidente, cedió ante las demandas de los huelguistas y desde entonces estamos en un patrón destructivo. Desde entonces la gente usa las huelgas para torcer el brazo de los políticos en este país, y Cristina no va a cometer la misma equivocación.

Desapareció y volvió con una ensalada Cesar demasiado condimentada. Sin mucho entusiasmo picamos un poco de la pila de panceta, aceitunas, queso que pretendía ser parmesano y lechuga marchita y finalmente abandonamos la ensalada.

-Los costos de producción del campo son bajos, así que los impuestos a la exportación están justificados,- siguió explicándonos mientras retiraba nuestros platos a medio terminar, – nuestra economía entera se basa en un sistema de retenciones y subsidios. Sin ellos, el país se viene abajo.

Reapareció en un segundo con nuestros platos principales: tallarines frescos, estilo fettuccini, con salsa puttanesca y lomo de cerdo a la cerveza con jamón crudo y aceitunas negras. Nos maravilló lo sabroso y tierno del cerdo pero descartamos la puttanesca (amarga por las hierbas secas que, según mi amigo chef, deberían haber sido desechadas mucho tiempo antes).

Las palabras de la presidenta hacían eco en el fondo:

-Es necesario tener diálogo para respetar la democracia – y las reglas de la democracia – sobre todas las cosas con gobiernos elegidos por el voto popular. Pero es muy difícil dialogar con un arma en la cabeza.

Obedeciendo la sugerencia de José Luis, y teniendo en cuenta la naturaleza dispar de nuestra comida, pedimos un espresso de postre mientras dividíamos la cuenta, que superaba los cien pesos.

Habíamos almorzado en una burbuja de abundancia, y había un precio alto que pagar.

Don Justo

Charcas 3702 – Palermo

Tel 4832-5539

Almuerzo y cena los siete días de la semana


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