Taxi Gourmet - Layne Mosler

Carrito El Oscar

Con sus calzas fluorescentes va corriendo la gente bordeando el Río de la Plata. Un vendedor de escobas anuncia sus ofertas sin mucho entusiasmo, el cuerpo tensionándose con cada ráfaga de viento antártico. Carritos con parrillas ocupadas echan humo y cenizas al aire, más allá de la baranda que separa la vereda del rio y de los juncos.  Los oficinistas de Puerto Madero empiezan a ocupar las sillas de plástico de la Costanera Sur, disfrutando del aroma de la carne a la parrilla.

Rara vez te dirigís a este barrio del sur de Buenos Aires, ya que preferís evitar a los mosquitos y bichos que frecuentan la Reserva Ecológica de la Costanera. De todas formas, escuchaste de más de una fuente fidedigna que la costanera es donde se consigue el mejor choripán de la ciudad.

En este día, Eduardo, el taxista cordobés de ojos azules, te ha traído a la Costanera para que lo compruebes vos misma.

El Viaje

Como buen argentino, Eduardo es un orgulloso carnívoro. Mientras Michael Jackson y Paul McCartney alternan en un dúo en una estación de música de los ochenta, le contás sobre tu aventura culinaria. Inmediatamente Eduardo se lanza en una explicación extensa sobre cómo dar con los ingredientes perfectos para un asado de domingo a la tarde.

- Un carnicero puede tener tira de asado y ojo de bife excelentes, pero seguro los chorizos son un desastre. Y él que vende buen chorizo… bueno, mejor ni te le acerques al bife.

Asentís solemnemente. Jackson y McCartney le abren paso a Stevie Wonder.  Eduardo hace sonar la bocina en dirección a un colectivo y le da tres vueltas a una rotonda antes de decidirse a donde vamos exactamente. El rosario que cuelga  del espejo retrovisor se hamaca violentamente de un lado a otro, golpeando contra el parabrisas.

- Hace veinte años me tomé un tren a Buenos Aires, me bajé en Villa Urquiza, y nunca me fui,- continúa su relato, – me tomó años, pero después de ir a todas las carnicerías del barrio finalmente aprendí donde se podía comprar cada cosa.

- ¿Por qué no vamos a Villa Urquiza entonces? – le preguntás.

- No, no, – contesta el taxista, – tenés que ir a la Costanera.  Seguramente nunca probaste un choripán de verdad.

En realidad, sí probaste un choripán de verdad, pero no acotás nada.

Eduardo pasa por los restaurantes de Puerto Madero, cruza un canal y dobla para tomar una avenida desierta bordeando el Río de la Plata. Van a paso de tortuga por la avenida frente al río mientras el taxista intenta localizar su choripán (o chori, para los entendidos) predilecto.

- A ver si encuentro este carrito… estaba por acá… ¡aja! ¡Ahí tenés! – dice, señalando en dirección a un carrito con una parrilla de tres metros y medio y un cartel oxidado. – Espero que el choripán de hoy esté tan bueno como el de ayer. La calidad puede variar de un día para el otro, ¿viste? Pero a la noche siempre hay cola en este puesto, no en los otros.

Le agradecés con unos pesos extra. Se le marcan aun más las líneas surcándole la cara bronceada cuando se despide con una sonrisa.

Chori y Chimi

Abandonás el taxi de Eduardo para enfrentarte al aire frígido. Los cuatro hombres sentados a un lado del Carrito El Oscar te miran atónitos cuando te acercás al asador y pedís un choripán.

El hombre toma tus dos pesos, corta en dos una salchicha y la tira sobre una parrilla repleta de cortes de carne (asumís, ya que hay poca gente cerca, que está pre calentando la carne para los clientes que llegarán inevitablemente buscando su almuerzo, o preparando algún pedido regular).

La sudestada te tira cenizas en la cara, y los hombres en las sillas de plástico se ríen cuando te acercás para estudiar los condimentos con el viento en la cara: envases de plástico de mayonesa y kétchup (hace rato ya que les arrancaron las etiquetas correspondientes), un recipiente con cebollita de verdeo remojada en vinagre y dos tuppers con chimichurri.

Esperás el chori, y palomas bien alimentadas empiezan a congregarse a tus pies.

Finalmente, el asador te entrega un sándwich: pan tostado en la parrilla, salchicha y nada más. Abrís el choripán, esparcís chimichurri sobre una mitad, y la mezcla de verdeo en la otra. Te calienta las manos mientras das el primer bocado.

La salchicha sabrosa y salada es lo primero que sentís. Después el verdeo y el vinagre – en armonía con la carne y realzando su sabor. El pan absorbe todos los sabores y te los devuelve.

Auyentás a las palomas mientras comés tu choripán, disgustada al encontrar restos de cartílago cuando estás ya terminando el sándwich. Casi perfecto, pero no del todo.

Grupos de oficinistas (todos ellos hombres) se reúnen alrededor del Carrito El Oscar y le gritan sus pedidos al asador. Él mantiene la calma, poniéndose un delantal sobre su pulóver raído, tomando los pedidos, guardando los billetes en sus bolsillos, atendiendo la parrilla y los condimentos y entregando un sándwich atrás de otro.

Te escapás  en plena hora pico, disfrutando de la satisfacción de la buena comida callejera – y de la buena suerte, porque hoy te han llevado a descubrir otro tesoro culinario de Buenos Aires.

Carrito El Oscar – Costanera Sur (aproximadamente dos cuadras al norte de calle Macacha Guemes )

Horarios: siempre abierto

Nota: Aunque Eduardo aseguró que El Oscar es el mejor carrito de la Costanera, noté que El Dormilón y El Diegote (cerca de la intersección de la Costanera y Macacha Guemes) estaban tan – o más – concurridos. Si sos fan del choripán y del lomito, quizás quieras probar estos dos puestos también.

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