Momentos de Te - Mariana Jaroslavsky
La casa del té más austral del mundo
Cómo expresar la alegría que sentí cuando puse mi primer pie en el Almacén de Ramos Generales de Ushuaia. Ya desde afuera, la fachada de la casa/comercio de la familia Salomón hizo que se me acelerara el pulso.

Es que, invitada por TruTV para presenciar el bakcstage de la serie de documentales basados en personajes locales y deportes extremos que se emitirá a partir de septiembre, estaba esperando para embarcarme en el Tres Marías y recorrer el Canal de Beagle. Pero el clima no lo permitió. Nunca había visto nevar de esa manera, como una lluvia tropical pero blanca y pulposa que en segundos tapaba la huella del último paso. Y yo, emponchada hasta las pestañas pretendía caminar. Pude, pero un ratito no más.
Cuando el frío empezó a entumecer los dedos de mi pie derecho (a veces me pasa, pero con dos dedos no más), decidí que era momento de ir a la casa de té que en el hotel Mil810 me habían recomendado. Así que tomé la avenida Maipú, frente a la Bahía de Ushuaia, e intenté caminar viento en contra, y ustedes saben cómo es el viento del sur, mucho más rebelde que la lluvia de abril. La nieve me pegaba en los ojos y sin poder evitar fruncir el seño seguí y llegué.
Tengo que resaltar lo bien calefaccionado que está todo en la capital de Tierra del Fuego, ni en los autos, casas o restaurantes se siente el aire polar que sube desde la Antártida. Otro punto más para que se imaginen lo que disfruté entrar a este túnel del tiempo. Sí, porque los es. Hoy restaurado, esta casa de té-confitería-restaurante era el almacén de don Salomón, descendiente de árabes que llegó al sur buscando una oportunidad. Entró por Chile y eligió Ushuaia, en 1917. De a poco y con paciencia armó su negocio y se convirtió en un excelentísimo proveedor para la incipiente sociedad fueguina.

Alimentos, sal (antes del Almacén los isleños solían salar con agua de mar), aceite para el auto, utensilios de cocina, juguetes, ropa y siempre una taza de sopa caliente para los trabajadores del puerto. Lamentablemente, el avance de otros tiendas y la especialización de los comerciantes hizo que el polirubro de Salomón quebrara después de décadas de trabajo. Y quedó todo tan intacto como descuidado.
Por suerte, Lilian y Enrique tuvieron la visión y la pasión para restaurarlo, para pulir sus estanterías de madera y su piso original, para rescatar con respeto cada rincón de lo que fue el trabajo y hogar de uno de los pioneros que se le animaron al fin del mundo.

Pero esto no fue todo. Después de volverme loca sacando fotos, de hablar con la hiper amable camarera Ana María, me senté a pedir mi té y, recomendación de la casa, un croissant con crema de almendras con las calorías justas para combatir el y el placer supremo de degustar panadería francesa de primera calidad. La segunda y genial sorpresa me la llevé cuando descubrí que los tés eran de Chez Pauline. Así que emocionada pedí un Geraldine, el blend que Pauline le dedicó a su mamá porque tiene regaliz, como a ella le gusta. Además, las grosellas le dan dulzor, la almendra combinaba perfecto con mi croissant, y el yogur hace que todos esos sabores armonicen.

Sentada en una mesa con vitrina que expone herramientas, lupas y hasta un antiguo dominó, elegí la esquina para tener una vista panorámica del lugar y disfruté del desayuno. Si andan por Ushuaia no se lo pierdan. El chef es francés, así que para el mediodía suelen tener sopa de cebolla o de calabaza y un plato del día. Y en lo que antes eran parte de las habitaciones está Lilian, un local de ropa de muy buen gusto.
Comparto unas fotos más…

Damas y caballeros. Genial.

Antes de comer, lávese las manos.

El rinconcito del gran Carlos.
Tentaciones galas.

Pingüinos de merengue.

El escritorio de Salomon.

La enredadera del jardín de invierno.
Y basta, así les dejo algo de intriga. Si quieren ver más, entren acá. Hasta la próxima entrega. Salut!