La Guerrilla Culinaria - Lionel Kleiman
(Internacional) Comer en Madrid – De Tapa-Arterias
Hay un nicho de comensales que entra a una fiambrería y se quiere comer todo, ese es el público de la gastronomía típica Madrileña. Ser vegetariano en Madrid es como ser latino en Arizona. Para los no veggie, Madrid sigue siendo una opción gastronómica interesante si uno camina mucho y evita entrar siempre al mismo tipo de restaurante.
Nosotros tenemos la cerveza con fanta, ellos tiene la clara de limón. Al parecer es una receta secreta que parece fácil de hacer pero nunca me salió, ya que algunos la hacen mezclando (según dicen) limonada con cerveza. Probé de varias formas pero la misma que ellos sirven es diferente. En la foto mi cuñado y yo estamos tomando la clara de limón. Siendo fanático de la buena cerveza puedo confirmar que no es una locura probar esta combinación ya que la cerveza es tan ligera y escasa de sabor que se le puede poner cualquier agregado sin que empeore.

Uno de los primeros lugares visitados fue La Tosta(Calle de la Victoria, 8). Este bar de tapas tiene la particularidad de dedicarse a ofrecer tostas (que vendrían a ser rodajas pan tipo campo tostado con algo por encima), con gran variedad de productos y a precios que ni en cuevas como La Nueva Rural (Bartolome Mitre y Talcahuano) se pueden conseguir. A un promedio de 4€ la tosta se puede comer tranquilamente ¾ de una tosta y satisfacer hasta al más hambriento.

No rechazo el exceso de fiambres y ácido úrico por ningún otro motivo que el aburrimiento. Y sí, al cuarto día de comer fiambre se torna parecido a los mediodías cuando salía de la UADE y lo único que tenían en el kiosco eran panchos, panchos y pebetes. No es por tentador, si no que los bares de tapas o restaurantes al paso abundan en casi todas las cuadras de Madrid y, para colmo, el precio es tan bueno que uno se la pasa picando y tomando cerveza (a razón de 1€ la caña en el Museo del Jamón,Carrera de San Jerónimo 6).
A razón de 1€/2€ la tapa, 2€/3€ la media ración y 5€/6€ la ración, lo que uno termina logrando es degustar un poquito de cada cosa. Y hay ciertas raciones que no se pueden dejar de probar, como ser las patatas alioli (simples papas hervidas con una salsa de ajo, aceite de oliva, limón y en algunos casos yema de huevo). Por otro lado están las patatas bravas, que no son más que las mismas papas pero con una crema de ají (pimentón) picante que me traen recuerdos al fuego de la comida de Sudestada o Bi Won.

La realidad es que lo bueno de los precios bajos es que Madrid te da la posibilidad de hacer como el famoso “Bacalao” (costumbre noventosa de salir por varios boliches de Capital en una misma noche) pero en restaurantes. Aquí vale la aclaración que la famosa caña no es más que una cerveza rubia ligera, suave, fresca y de un grado alcohólico más bajo que la Quilmes, lo que la hace fácil de tomar en verano porque es realmente refrescante. Es por el motivo que uno ingiere tranquilamente 1 litro de cerveza por día sin sentirlo.
En la Tosta probamos la de Revuelto de Setas, Jamón y Gambas, la tosta de Verduras Templadas y una especial de morcilla ibérica pedida por mi cuñado (algo similar a un revuelto de huevo con una mezcla entre nuestra morcilla y un chorizo). ¡Ah! Y me olvidaba de la pequeña porción de rabas.

Si hay algo que tiene de bueno Madrid es que, al menos en verano, a la gente le gusta salir, y eso se ve reflejado en algunos eventos nocturnos al aire libre como esta feria musical que se hace en la zona del Mercado del Rastro. Con un clima tranquilo pero alegre, la gente se amontonaba para tomar, comer, tomar y volver a comer.
A este punto uno no logra entender como los españoles en general sobreviven a tanta dosis de colesterol pero la realidad es que termina siendo tentador por lo barato comer hasta en eventos públicos, donde uno espera que el precio sea más alto que en cualquier bolichito y, con una variación de 50 céntimos (como dicen los españoles) se come, igual que en cualquier otro restaurante, porciones para compartir.
Algo extraño se puede ver en algunos bares de tapas. La ciudad es limpia, ordenada y la gente es respetuosa. Dentro de los bares la gente se convierte. Realmente sucia y con mala atención, resulta parecido a la pelea por un “paty-gato” en un recital. Por un lado la atención es, en el mejor de los casos, de regular a mala. Por otro, si uno deja un papel en la barra lo miran con cara de perros y de una buena forma le dirán “Ostia, pues que los papeles van al piso, hombre”. Y sí, en varios bares, los papeles van al piso.

El Corte Inglés viene a ser un Falabela pero con una ventaja, la libre circulación comercial de la comunidad favorece para conseguir productos de buena calidad de casi cualquier otro país. A tal punto que hasta tenían una cerveza que, supuestamente tenía Cannabis. La realidad es que la probó algún otro porque nos la olvidamos en el frigobar del hotel. Igualmente ya la Space Cake holandesa no era más que un muffing que supuestamente debería ser exótico y sin embargo no producía ningún efecto.

Algo que hay que tener en cuenta en esta ciudad cosmopolita y moderna es que, al igual que en la mayoría de las ciudades europeas, a las once y media de la noche te echan como perros del bar/boliche/restaurante de tapas. A veces resultaba extraño que, teniendo el lugar lleno, se termine todo tan temprano y no les interese juntarse unos euritos más con tal de cerrar. Siendo las once ya estábamos sólos en El Buscón (calle Victoria 5), lugar interesante para ir de tapas por la zona céntrica de Madrid.
Cuando uno viaja a España (y esto es algo que se repite en todo el territorio español) tiene que tener cierto cuidado con los pedidos a la hora de comer. Pedir una ración de chorizo ibérico por 6€ puede resultarnos (en nuestra cabecita loca porteña) en no más que unas fetitas de fiambre. Bueno, lo que termina pasando es que una ración es complicada de liquidar entre dos personas. Ni hablar de la morcilla ibérica (un fiambre mucho más fuerte de sabor) que es una delicia para cualquier paladar. El jamón serrano es de tan excelente calidad y con tan poco concentrado de sal (ya que lo maduran el tiempo suficiente) que el mismo jamón pero de cerdos criados a bellotas no es tan bueno como la diferencia de precio que tiene.

¿De qué sirve todo este post si no les proveemos de un dato clave, de ese tip que los turistas desconocen y que algunos viajeros desearían tenerlo de antemano?
Madrid tiene un lugar, ese lugar al que uno puede ir todos los medio días y también todas las noches para sentirse un bacán, un sibarita de nivel, todo un comensal exclusivo. Madrid tiene La Gloria de Montera (Calle del Caballero de Gracia, 10).
La Gloria de Montera fue una recomendación de mi amigo madrileño Miguel quien, sabiendo que me gusta comer y cocinar, no dudó en recomendarnos este espacio gastronómico. Este restaurante no es más que el restaurante de los alumnos de una escuela gastronómica. Y eso lo hace (en un país serio) un lugar ideal para ir a comer.
¿Por qué? Simplemente porque se come Excelente y a precios que no tienen razón de ser. Una carta con variedad para satisfacer del primero al último de los sibaritas con precios de platos en el orden de los 9€ (sí, menos de $45), que pueden ser como los que probamos: Pato Confit con cous-cous y chutney de pera, Risotto de verdes, Lomo en demiglace con batatas pay, Papas en salsa brava con Bacalao, Fideos fritos, Dados de Salmón con salsa agridulce y papas al horno…
¿Quién sabe, algún día volveré a seguir degustando por ustedes?
Evaluación general
Cocina: Muy Buena
Ambientación: Desde Muy Buena hasta Regular
Atención: Regular
Precio: Menú del día 10€ promedio, por la noche 15€ a 30€